Publicado: 28 de Enero de 2018 a las 15:43

Hice mi primera dieta con 8 años. He pasado toda mi vida luchando contra los kilos y peleándome con el ideal de conseguir un cuerpo "perfecto". No, no existe el cuerpo perfecto porque ya somos perfectos. Existen cuerpos idealizados pero cada uno es libre de desear el cuerpo que quiera tener y trabajar por conseguirlo, si ese es su deseo. Cómo lo conseguirá es un enigma y, desde luego, únicamente con dieta no lo hará, aunque sin una  forma de comer  adecuada, en principio, tampoco.

Llegué a esta profesión por pura coherencia personal ya que, como he mencionado en el párrafo anterior, he hecho todas las dietas posibles sin resultados definitivos. He perdido muchos kilos y los he vuelto a recuperar e ,incluso, aumentar. Así que, un día, me llegó la posibilidad de dedicarme a trabajar para lograr la salud a través de los alimentos y no lo dudé. 

Únicamente tras darme cuenta de que la clave pasa por olvidarse de dietas que prometen quimeras y realmente apostar por cambiar la manera de comer que nos llevó al sobrepeso, se puede llegar a un peso saludable y equilibrado, muchas veces alejado de "pesos ideales" y demás parafernalia. Y, por supuesto, comiendo rico, variado y nutritivo. La era de los filetes a la plancha y las ensaladas es, afortunadamente, historia. 

La Organización Mundial de la Salud (O.M.S) indica que el peso ideal es aquel con el que un individuo se siente bien física, emocional y espiritualmente. De ahí la importancia de una buena salud mental pareja a la salud física. 

No es habitual encontrar lecturas relacionadas con la nutrición donde se haga hincapié en la gran responsabilidad que tiene en el estado físico de una persona la parte emocional. Sobrepeso e irregularidades psicológicas van, en muchas ocasiones, de la mano. El estrés y la ansiedad, por mencionar los más habituales, son, en gran medida, grandes causantes del sobrepeso y la obesidad. Son estas dos de las razones por las que, en un porcentaje casi total, las dietas fracasan. Cuando una persona comienza una dieta (yo prefiero llamarlo reeducación alimentaria porque dieta me suena a restricción y nada más lejos de la realidad) las primeras semanas (pocas) todo va bien porque hay motivaciones que ayudan en el proceso. Pero a medida que van pasando las semanas, la persona se desmotiva cuando empiezan las dificultades, el aburrimiento, el ver que ya no se bajan los kilos tan rápidamente como al principio (afortunadamente)...y muchas razones más. Un apunte al respecto sobre una frase muy utilizada y perfectamente inexacta: "no tengo fuerza de voluntad". No se lo crean. La razón porque las dietas fracasan no es esa. Es algo mucho más fisiológico. 

Por todo ello, como profesional de Naturopatía especializado en reeducación alimentaria, me propuse desde el principio que ayudar a una persona a bajar peso no podía ser únicamente endosarle una dieta-menú para que la cumpla y verle al de un tiempo. Si bien es cierto que el 90 por ciento del trabajo lo tiene que realizar el cliente, el 10 por ciento restante me corresponde a mí como terapeuta. Al haber "sufrido" desde muy joven los procesos de adelgazamiento creo que únicamente alguien que ha pasado por la misma experiencia por la que van a pasar ellos, puede entenderles a la perfección. 

Cuando alguien comienza  un proceso de reeducación alimentaria hay que apoyarle en todos los aspectos, siendo la parte anímica uno de los principales. Reeducar significa ·"volver a educar", es decir, intentar hacer adecuadamente lo que no se hacía y que nos llevó  hasta el momento actual.

Cuando trato a un paciente me pongo en su lugar y entiendo que va a tener momentos de flaqueza en los que le van a entrar ganas de tirarlo todo por la borda porque, ese desánimo, llegará tarde o temprano. No debemos olvidar que en todo proceso de aprendizaje nos vamos a encontrar con una mezcla lógica de expectativas, dificultades y debilidades. Se van a mezclar el "querer" y el "creer no poder". Yo, en mi consulta, estoy para escuchar esas debilidades y no sólo para entenderlas sino para explicarles que en todo proceso (cuanto más largo, más debilidades) eso sucederá y  que no pasa nada por ello. Esperar que el proceso vaya  a ser un camino de rosas sería pecar de ingenuidad. Vuelvo ahora a recordar la frase con la que empezaba el escrito: no, adelgazar no es fácil. Pero no imposible.

Querría acabar enfatizando que las personas que vengan a "reeducarse" conmigo van a encontrar a un profesional que antes que profesional es persona, alguien que, como dije, ha pasado  por lo que pasan ellos, un profesional que no les va a engañar haciéndoles falsas promesas de éxito ni que les va a juzgar pero sí un profesional que va a dar todo lo mejor de él para ayudarles a conseguir objetivos realistas, no sin trabajo, pero que van a hacer de ellos, antes que nada, personas sanas y con un cuerpo armónico. Y espero que más felices también