Publicado: 10 de Julio de 2018 a las 06:15

Imaginemos que nos invitan a una cena de celebración. Sabemos que el cocinero es excelente

y la invitación asegura que esta cena especial va a ser un acontecimiento inolvidable. Y nos

recomiendan QUE VAYAMOS CON HAMBRE. ¿Cómo lo conseguiremos?

Quizá intentemos comer menos a lo largo del día, tal vez incluso nos saltaremos el almuerzo, o

también el desayuno. Puede que vayamos al gimnasio para entrenarnos especialmente a

fondo o salgamos a correr o que nademos durante más tiempo de lo habitual para que se nos

abra el bien el apetito. Incluso puede que, en lugar de coger el coche, vayamos andando a la

cena.

Pero RECAPITULEMOS UN MOMENTO. Las instrucciones que se nos dan cuando queremos

perder peso- COMER MENOS Y HACER MÁS EJERCICIO- son las mismas que deberíamos seguir

si quisiéramos tener más apetito, es decir, acabar comiendo más. No sé a ustedes pero a mí

esto me parece UNA CONTRADICCIÓN.

¿QUÉ OCURRE CUANDO AUMENTAMOS EL GASTO DE ENERGÍA INCREMENTANDO EL NIVEL

DE NUESTRA ACTIVIDAD FÍSICA?

¡¡ ¡QUÉ TENEMOS MÁS HAMBRE Y TENDREMOS QUE COMER MÁS!!!!!!

Hoy en día, hacer ejercicio con regularidad se considera un medio de prevención esencial para

todas las enfermedades crónicas de nuestro tiempo (con la excepción, por supuesto, de las

afecciones de las articulaciones y los músculos cuyas causas se deben al exceso de ejercicio).

Teniendo en cuenta la omnipresencia del mensaje, el control que ejerce en nuestras vidas y la

simplicidad de la idea de quemar calorías, perder peso y prevenir enfermedades ¿no sería

bonito que fuera cierto? Como cultura, sin duda alguna creemos que lo es. Lo cierto es que

hay excelentes razones para hacer ejercicio con regularidad. PODEMOS AUMENTAR NUESTRA

RESISTENCIA Y NUESTRA FORMA FÍSICA AL HACERLO, HACER EJERCICIO PUEDE AYUDARNOS A

SENTIRNOS MEJOR CON NOSOTROS MISMOS POR LA PRODUCCIÓN DE ENDORFINAS. Todo eso

es indiscutible PERO aquí de lo que estamos hablando es SI NOS VA A AYUDAR A MANTENER

NUESTRO PESO, EN CASO DE QUE ESTEMOS DELGADOS, O A PERDERLO, SI NO LO ESTAMOS.

LA RESPUESTA ES QUE PARECE SER QUE NO. ¿POR QUÉ?

Hemos ido engordando a un ritmo constante durante las últimas décadas y como dice la OMS

“nos hemos ido convirtiendo en seres cada vez más sedentarios”. PERO CURIOSAMENTE LAS

PRUEBAS INDICAN LO CONTRARIO, sobre todo en EE.UU, donde la epidemia de obesidad ha

coincidido con lo que podríamos llamar una epidemia de ocio centrada en la actividad física,

de gimnasios y de innovadores métodos de gastar energía (máquinas de step, elípticas,

spinning, patines en línea, aeróbic, etc,) y todo fue inventado o rediseñado prácticamente

desde los inicios de la epidemia de obesidad.

Pero si el comportamiento sedentario nos hace engordar y la actividad física evita que

subamos de peso, ¿NO DEBERIA LA “EXPLOSIÓN DE EJERCICIO” Y LA “NUEVA REVOLUCIÓN


DE LA BUENA FORMA FÍSICA” HABER CREADO UNA EPIDEMIA DE DELGADEZ EN LUGAR DE

COINCIDIR CON UNA EPIDEMIA DE OBESIDAD?

Entonces es posible que, en lugar de las calorías que consumimos y gastamos, sea otro factor

el responsable de que aumentemos o no de peso.

Creemos que el ejercicio tiene la propiedad de quemar grasas porque nos basamos en la

hipótesis de que podemos aumentar nuestro gasto energético sin vernos obligados a

aumentar nuestro consumo de energía. PERO LA CUESTIÓN ES SI ESTA POSIBILIDAD

RESULTA RAZONABLE.

LA RESPUESTA ES NO.

¡¡¡SI AUMENTAMOS NUESTRA ACTIVIDAD FÍSICA, TENDREMOS MÁS APETITO!!!

Pruebe a gastar más energía y es muy probable que aumente las calorías que consume para

compensar. ¿NO ES EXTRAÑO QUE ALGO TAN OBVIO SE HAYA IGNORADO EN LA

INVESTIGACIÓN MÉDICA?

Ya en el año 1932 un médico de la clínica Mayo de EE.UU decía que “el paciente piensa de

forma muy acertada, que cuanto más ejercicio hace más grasa debería quemar y que la

pérdida de peso debería ser proporcional, y se siente decepcionado cuando las básculas no le

muestran ningún progreso”.

En primer lugar, quemamos un número sorprendentemente bajo de calorías haciendo ejercicio

de FORMA MODERADA y, en segundo lugar, puede que el esfuerzo no sirva para nada, y con

toda probabilidad así será SI LOS CAMBIOS EN LA DIETA RESULTAN INSIGNIFICANTES.

De acuerdo, CUANTO MÁS EJERCICIO HAGAMOS MAS CALORÍAS QUEMAREMOS (la única

forma de quemar calorías significativamente es hacer EJERCICIO INTENSO) pero ESO TAMBIÉN

NOS ABRIRÁ MÁS EL APETITO. LOS GASTOS DE ENERGÍA ESPECIALMENTE ALTOS O BAJOS

TIENEN COMO CONSECUENCIA NIVELES DE APETITO ESPECIALMENTE ALTOS O BAJOS.

Y NO OLVIDEMOS ALGO: EL AUMENTO DEL GASTO DE ENERGÍA QUE PROVOCA EL EJERCICIO

CONLLEVA TAMBIÉN UN AUMENTO DE CONSUMO DE ALIMENTOS, Y NO ES POSIBLE

PREDECIR SI LA INGESTA DE ALIMENTOS SERÁ SUPERIOR A LAS CALORÍAS CONSUMIDAS.

Entonces los médicos, nutricionistas e incluso entrenadores personales empezaron a pensar en

el hambre como si fuera algo que solo existiera en el cerebro, una cuestión de fuerza de

voluntad (sea eso lo que sea) y no la consecuencia natural de un esfuerzo del cuerpo para

recuperar la energía que ha gastado.

Para concluir el asunto de comer menos y hacer más deporte como solución para perder

peso podríamos decir que si la gente ha estado pensando esta idea durante más de un siglo,

ha tratado de probarla durante décadas y todavía no ha conseguido encontrar pruebas

convincentes de que sea cierta, con toda probabilidad no lo es. No podemos decir que no lo

sea con absoluta certeza, porque la ciencia no funciona de esta manera. Pero podemos decir

que se trata de una de las muchas ideas en apariencia razonables de la historia de la ciencia

que nunca ha dado resultado.


Así que si reducir las calorías que ingerimos no nos hace perder peso y si aumentar las calorías

gastadas ni siquiera evita que lo ganemos, quizá deberíamos volver a plantearnos todo el

asunto y ver qué pasa.

La semana que viene más…